La economía de Irán ha sido un desastre durante mucho tiempo. Hoy está en catástrofe, y este fue un factor clave de las protestas nacionales de principios de 2026.
Una fuerte caída en el valor de la moneda de Irán frente al dólar sacó a los comerciantes de Teherán a las calles en diciembre de 2025, y el malestar pronto se extendió por toda la sociedad. Las sanciones han restringido el acceso a las reservas extranjeras, y para cubrir su déficit fiscal, el gobierno ha impreso dinero, lo que ha elevado la inflación por encima del 40%, frente al 25% de 2018.
El costo humano es grave. Incluso según cifras oficiales, casi 40 millones de iraníes viven ahora por debajo del umbral de la pobreza. Muchas familias sobreviven con solo dos comidas al día; la carne se ha convertido en un lujo que solo los ricos pueden permitirse.
Esta devastación no es inevitable. Irán tiene vastas reservas de petróleo y gas, una gran capacidad agrícola e industrial, una infraestructura moderna y una población joven y bien educada. Sin embargo, la corrupción y el amiguismo siguen drenando los recursos públicos. Sin transparencia y reforma, incluso el levantamiento de las sanciones no sería suficiente. Con el riesgo continuo de guerra, la escasez de bienes esenciales es una posibilidad real
A pesar de estas terribles condiciones, los cristianos continúan acercándose, mostrando amor práctico a sus vecinos. La Iglesia puede crecer en estas circunstancias.
Aumento drástico de la rendición de cuentas.
Sabiduría e iniciativa para que los cristianos sirvan a los pobres.
